Las tierras de Alcaucín, al norte de la Axarquía y lindando con la provincia de Granada, se extienden entre la imponente Sierra de Tejeda, el agreste Boquete de Zafarraya –paso natural entre la costa y la zona del interior- y el corredor de Periana, donde la orografía tiende a suavizarse. Su término municipal, por tanto, reúne los más variados y sorprendentes accidentes geográficos, lo que le proporciona una riqueza paisajística muy llamativa.
Si bien en su término municipal se han encontrado restos arqueológicos de suma importancia (cerámicas de distintas épocas y una mandíbula Neandertal), el núcleo urbano de Alcaucín fue fundado en época árabe, de la que conserva su nombre, Alcavzin o Alcautin, cuya traducción viene a significar ‘Los arcos’.
Calles estrechas y sinuosas, casas encaladas, patios interiores con abundancia de plantas y flores, desniveles salvados con escaleras o cuestas pronunciadas confirman el trazado morisco de esta villa, cuyos habitantes participarían sin duda, aunque este hecho no está documentado, en los levantamientos moriscos que en el siglo XVI se produjeron en la Axarquía. Sí se sabe que en 1569, el morisco Andrés de Xorairán atacó Alcaucín, pero, como tantas otras, esta sublevación fue rápidamente sofocada por las tropas cristianas.
El terremoto del 25 de diciembre de 1884 afectó especialmente a este pueblo, en el que, además de numerosos destrozos materiales (alteración de cauces subterráneos, destrucción de viviendas y levantamiento de carreteras y caminos), hubo cuantiosas pérdidas humanas. Para agravar la situación, ese año cayó una copiosa nevada que dificultó aún más la llegada de ayudas a la población. |